ANTOLOGÍA DE CATÁSTROFES – Mateo Pizarro

ANTOLOGÍA DE CATÁSTROFES

En la obra de Mateo Pizarro (Colombia, 1984) confluye la más extraordinaria capacidad de dibujar con una especie de ejercicio racional que, mientras realiza sus trazos, le permite reflexionar sobre muy diversas cosas. Para él el acto de dibujar trasciende un mero ejercicio técnico de representación, para convertirse en una estrategia de asociación de ideas y posturas críticas sobre temas de actualidad.

Las conexiones mentales que él construye con su obra no son arbitrarias, por lo que distan de poder ser argumentadas como un ejercicio automatista. Se trata en cambio de establecer inusitados puentes entre diversos elementos y situaciones -en ocasiones provenientes de la cultura popular o de su propia imaginación-, que terminan haciendo sentido de manera sorpresiva y contundente. Es casi como si su técnica de dibujo fuera una especie de mnemotecnia que, más allá de la simple asociación de conceptos a partir de palabras, hubiese llegado al ámbito de las imágenes.

La última de sus series, titulada Catástrofes, y que hoy se exhibe en la galería Heart Ego, proviene de una experiencia extraña vivida a su regreso de un viaje a Rusia en 2016. Pizarro comenzó a experimentar una especie de premonición o pensamiento profético sobre la posibilidad de vivir eventos terribles. Para su sorpresa, y con la cordura que lo caracteriza, decidió “aceptar” estas premoniciones como un detonante para la creación de obra nueva, siguiendo a su instinto creativo con la esperanza de que algo interesante pudiera salir de ahí. Con la certeza de no ser un profeta u oráculo del futuro, procedió con cautela, aunque con el estímulo de enfrentarse a un escenario creativo muy nuevo para él. La sensación de “estar al borde de algo” no cesaba de abrumarlo. Al tratarse de algo difícil de articular en palabras, decidió encausar el estímulo hacia la creación de potentes imágenes.

La serie, que hoy cuenta con diez u once dibujos, comenzó a tomar forma en una época en la que Donald Trump aún no llegaba a la presidencia de Estados Unidos. En su natal Colombia tampoco había llegado el polémico Iván Duque al poder. La situación política de ese país en aquél entonces era la votación por la paz con las guerrillas colombianas. Y Pizarro comenzó a intuir, contrario a toda lógica, que ese proceso no desembocaría en algo bueno. El voto mayoritario resultó en contra de la paz. Él recuerda cuando en el trayecto hacia la casilla de votación se encontró con una gran cantidad de pájaros muertos en la calle, como una especie de antesala de la desgracia. Este tipo de situaciones encontraron una interpretación simbólica en la mente de Pizarro.

A raíz de todo esto comenzó a obsesionarse con imágenes de catástrofes naturales, como también de responsabilidad humana. Más precisamente empezó a enfocar su atención en dimensiones alternas de las catástrofes que anteriormente para él pasaban desapercibidas. Más allá de sólo pensar en las devastadoras consecuencias de un terremoto como un evento físico, Pizarro enfocó su atención en los modos de reaccionar frente a tales eventos. Empezó a visibilizar decisiones de naturaleza humana que tienen el poder de ocasionar afectaciones mayores. Por ejemplo, uno suele no pensar que decisiones de tipo económico, político, tecnológico o religioso inciden igual o mayormente a la realidad en la que los seres humanos vivimos. De manera muy puntual, por ejemplo, la manera en la que la tecnología de vigilancia termina por afectar, en lugar de beneficiar a la sociedad, ha llegado a límites impensables. La catástrofe es para él entonces cualquier cambio radical que altere -para mal- la vida de todos: nuevos patrones de comportamiento, o condiciones que restrinjan la libertad y los derechos humanos. El resultado de las catástrofes no solamente es la muerte y la destrucción material, sino también la transformación de la manera en la que los seres humanos habitamos el mundo.

La historia humana está plagada de desgracias, y Mateo Pizarro atestigua con su obra la llegada de una nueva modalidad de la catástrofe. La mediatización en vivo y a todo color de los eventos catastróficos de toda índole en el planeta confunde en lugar de aclarar. El imparable flujo de información en torno al cambio climático, las numerosas crisis humanitarias o a la gigantesca migración, son apabullantes. Es desde ese entorno complejo desde el cual Pizarro visibiliza la catástrofe, transformándola en una sensación mucho más íntima que aquella vivida a través de una pantalla. Intuir la catástrofe es tal vez algo mucho más significativo que quedar como impávidos consumidores mediáticos.

Gonzalo Ortega