SUMA – HÉCTOR FALCÓN

Las realidades oscilantes de Héctor Falcón

Las obras de Héctor Falcón pueden considerarse más que objetos, más que pinturas o instalaciones: Representan un proceso de creación que va más allá de los materiales utilizados.

Suma es una experiencia estética poco usual. La influencia de las estampas japonesas ukiyo-e ofrecen a las obras de Falcón no sólo la influencia de siglos de perfeccionamiento del arte japonés, sino también una evidente y cercana relación entre arte y espectador. Así como las estampas japonesas contribuían a acercar temáticas como la belleza, el erotismo, la historia y la cultura a la sociedad como conjunto, las obras de Falcón permiten llevar esta idea aún más lejos, generando una relación más cercana entre el arte y aquel que interactúa con la obra. Ésta es vulnerable a la decisión del espectador, quien hace uso de su capacidad sensible para deslizar los paneles de acuerdo a su propia voluntad y romper con la narrativa clásica del arte. Cada movimiento le dejará ver a través de agujeros circulares que, como si fueran ventanas en la pintura, permiten ver imágenes que se abren paso entre sí, mostrando narrativas vivas que se superponen unas a otras. En lugar de restar, cada uno de los cortes dentro de las imágenes suma realidades y presencias, con lo que cada una de sus partes contribuye a generar una narrativa conjunta que no tiene una temática única, ofreciendo así la oportunidad de deconstruir y reestructurar sus partes. Se rompe así la idea de que el arte debe ser visto solamente como objeto sagrado, y se incrementa la experiencia estética, pues el espectador ahora es partícipe de la obra, contribuyendo de manera física y voluntaria al proceso artístico de la exposición. Con el movimiento se hace uso de la subjetivación y se construye una presencia cambiante de forma permanente a través del tiempo.

Colores contrastantes, figuras asímiles y estilos dispares. Libros que, aun encerrados permanentemente con concreto y condenados a no abrirse más, nos muestran a través de sus agujeros los universos que esconden dentro.  Ojos, rostros ausentes y flores que nadie plantó recién abiertas. Humanos y animales que parecen asomarse y esconderse dentro en sus propias realidades. Paisajes, letras y texturas que aparecen y se ocultan. Mensajes que pueden ser interpretados de acuerdo al contexto y al criterio del que lo recibe. Estas obras nos muestran, ahora mejor que nunca, que el arte es un reflejo de nuestro propio tiempo. Sincretismo o diversificación, cada una de ellas muestra una diversidad de realidades posibles, lo que nos recuerda que el mundo es intervenible tanto dentro como fuera del bastidor.

Mariana Gaitán