CAMPO EXPANDIDO LVIII – RAYMUNDO SESMA

En una fundamental integración entre el espacio vacío y el volumen se centra el trabajo del artista Raymundo Sesma, quien en esta ocasión nos presenta Campo Expandido LVII.

Campo Expandido es un proyecto site specific que desarrolla la creatividad sobre el espacio conceptualmente controlable, como si este fuera domesticable y de alguna manera comprensible en su capacidad de proyectarse por medio de la intervención crítica y conceptual. Aunque nacida de la razón, este concepto incita al observador a habitar la obra y a generar un vínculo de complejidad con ella, convirtiéndose en un signo en el contexto, a manera de “colonización” poética del lugar.

Esta es una producción pictórica y escultórica que se desarrolla con la arquitectura de la galería no sólo en el campo bidimensional sino también en el espacial. Desde este punto de vista, en el terreno de la tridimensionalidad como objeto topológico, se trata y aborda la geometría, pictórica y espacialmente, rehaciendo el contexto como una reconstrucción teórica. De la misma forma, la pintura que presenta Sesma en esta muestra sigue un soporte que descarta al rectángulo conocido, puesto que se apropia de una noción escultórica ligada a la tridimensionalidad, al movimiento, al vacío y a la geometría, adentrándose en el territorio expandido donde las distintas disciplinas dialogan y se deconstruyen en un espacio móvil, sobreponiéndose e interactuando espacialmente.

El fundamento de esta pintura-escultura-objeto es arquitectónico y no sólo como construcción geométrica que incluye ideas de fragmentación, procesos no lineales, procesos de diseño y geometría no euclidiana que se refiere a una interpretación de tiempo y forma en el espacio. La percepción del tiempo se da en el movimiento que realiza el observador al deslizar su mirada sobre el objeto. Cada movimiento del espectador lleva consigo la renovación de la imagen como espacio total que le otorga sentido y simultaneidad. Como espacio participado dentro de la forma-escenario. De este modo, lo importante es que el observador pase de la mera sensación perceptiva a la interpretación intelectiva. Ya que desde esta noción el espacio se presenta como un tema intelectual, como un asunto filosófico que, desde la percepción estética, pasa a un campo expandido y de reflexión ontológica a partir de la idea de que el espacio cobra pleno sentido por medio del movimiento, poniendo en evidencia secuencias y ritmos que presupone considerar el tiempo como elemento indisolublemente unido al espacio.

Para Raymundo lo importante en su obra es el acto de decir en el proceso y no el testimonio literal del mismo, por lo que lo escrito está ahí, almacenado, oculto, refiriendo ausencia que deviene presencia como una especie de mise en abyme. Y es a través de esta práctica de almacenar información que se nutre también la obra y se traduce en técnicas como la escultura, la pintura y la gráfica, nutriéndose una a la otra, dejando transparentar su origen sin dejar de ser autónomas.

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