Spirit of Place

‘La arquitectura es una cosa de arte, un fenómeno de las emociones, que se encuentra fuera de las cuestiones de construcción y más allá de ellas. El propósito de la construcción es hacer que las cosas se mantengan juntas; de la arquitectura, movernos. La emoción arquitectónica existe cuando la obra resuena dentro de nosotros en sintonía con un universo cuyas leyes obedecemos, reconocemos y respetamos. Cuando se han logrado ciertas armonías, la obra nos captura. La arquitectura es una cuestión de “armonías”, es una “creación del espíritu”.’

Le Corbusier, Hacia una Arquitectura (1923)

Los antiguos Romanos entendían que los espacios tienen una deidad que los representa y a quien se respetaba y adoraba. A este “Espíritu de Lugar” lo llamaban Genius Loci y habitaba en cada construcción, protegiendo el área habitada o transitada. Cómo concepto, la teoría de arquitectura en la época moderna lo apropia, sin lograr que la industria de la edificación lo haga prioridad en la práctica. En la actualidad, el coloquio contemporáneo utiliza esta terminología meramente para referirse a la atmosfera distintiva de una locación. La creación de espacios por mano del hombre ha existido desde los inicios de nuestra especie y a través de todas las culturas y civilizaciones que componen nuestra historia. Lo cierto es que esa relación humano-espacio, tan mitológica, filosófica o científica como pueda ser, no deja de estar presente en la vida cotidiana de cada persona.
Fue Christian Norberg-Schulz, arquitecto, historiador y teórico noruego, quien introdujo el termino de Genius Loci a la arquitectura a fines de los 70’s, basado en las enseñanzas del filósofo alemán Martin Heidegger. Sus enseñanzas instruyen que, al momento de diseñar y edificar una estructura, se deben de tomar en cuenta no solo el propósito del edificio, si no también el respeto a las pautas de lo que ya existe en el lugar, entendiendo los materiales y las técnicas constructivas, desde afuera hacia adentro, coexistiendo de alguna manera con el entorno natural, social e histórico (entre otros). Sin embargo, hoy se argumenta que los intentos postmodernistas de acuñar estos cánones a la práctica constructiva, no pasaron de ser una simple repeticion formal de conceptos estéticos del pasado.
El hombre moderno pensó durante mucho tiempo que la ciencia y la tecnología lo había liberado de una dependencia del entorno. Sin embargo, realidades como las que atraviesa el mundo hoy en día, con una crisis climática que se agravia inminentemente y una contingencia sanitaria generalizada, han demostrado que esta creencia fue solo una ilusión. Nuevamente, esa conexión humano-espacio se hace evidente, no solo a nivel individual, si no colectivo. De acuerdo a las enseñanzas de Heidegger, es imposible preguntarnos si la persona hace al mundo o si el mundo hace a la persona, ya que ambas coexisten simultáneamente y pueden ser correctamente interpretadas solo en términos de una conexión holística ‘ser-en-mundo’.

Esta muestra reúne a siete artistas cuyas obras ponen en evidencia esta conexión, algunas a través de aspectos estéticos, otras con un carácter más inmersivo e introspectivo. El paso del tiempo y la historia; la práctica de la arquitectura y la construcción; el simbolismo sacro; la ciencia y las matemáticas; la conceptualización pictórica del espacio; la percepción de la mente humana, sus capacidades y limitantes; son conceptos que se hacen presentes en esta selección, levantando diálogos entre el individuo y lo que éste concibe como entorno. ‘The Spirit of Place’ es un ejercicio de búsqueda de esa alma que más que místicamente proteger una morada, o dar carácter a una edificación, nos funde en un “fenómeno de las emociones” que, como menciona Le Corbusier, “se encuentra fuera de las cuestiones de construcción y mas allá de ellas” una especie de juego místico en constante vaivén entre espectador y experiencia, entre persona y espacio, entre ser y universo.

HEART EGO

Julia Carrillo

Francisco Larios

Hugo Lugo

Antonio O’Connell

Quirarte + Ornelas

Raymundo Sesma

Fabián Ugalde