(UN) EXTINCT – MATEO PIZARRO

Es un entendido histórico, que la constante investigación hacia el mundo natural ha traído consigo un universo de fantasiosas quimeras cuya existencia en el imaginario humano ha ayudado a entender el universo habitado. Exploradores de lo tangible y lo místico han buscado darle forma a todo aquello que nos rodea y en su camino han dejado una biblioteca de teorías que alimentan hasta hoy, la inventiva humana.

En un descubrimiento que nos recuerda a los animales fantásticos de Altamira, Mateo Pizarro se convierte en una suerte de historiador, explorando distintas maneras de jugar con la percepción entre lo conocido y lo que solo él conoce. Es dentro de este experimento que encontramos dos escenarios: por un lado, la celebración del descubrimiento y revelación de la fábula, esta serie de obras que nos muestran el mundo oculto traído a la luz por la visión. Por otro lado, tenemos la tensión entre ver y no ser visto, que ha perfeccionado tanto el ojo como los camuflajes en el mundo animal. Esta última relación puede verse reflejada en los ejercicios que acompañan las quimeras retratadas. Una serie de imágenes blancas que aparecen solo en el rabillo del ojo al pasar. Estas representaciones parecieran comenzar en el lienzo y terminar en nuestro propio imaginario. ¿Qué tanta construcción es realmente nuestra y que tanta está realmente presente?

De la misma forma, Pizarro remarca la importancia simbólica y psicológica que tienen los animales en la construcción de lo humano. Con el elemento de visibilidad/invisibilidad se pone en juego la pregunta: qué pasa con nosotros cuando desaparece, por nuestra mano, una especie tras otra. Así es como este vínculo tangible entre lo humano y animal se extiende como un puente que nos muestra nuestro comienzo entrelazado y un futuro que peligra al no entender las consecuencias de nuestras acciones. El artista propone entonces, la pérdida de los fundamentos simbólicos y espirituales sobre los cuales construimos nuestra identidad.

Finalmente encontramos un ejercicio interesante que unifica la muestra. Una escultura que sirve como efigie de la inevitable conexión entre el mundo animal y el humano. Esta estoica creatura mantiene una reminiscencia a los simbolismos sagrados de los egipcios, quienes siempre tuvieron muy clara la unión entre ambos mundos. Y así es que, al recorrer la escultura, esta cambia ante nuestros ojos, parece desaparecer y regresar como una premonición de lo que ha de venir.

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