APUNTES SOBRE UNA LÍNEA DE FUEGO – HUGO LUGO

Un (segundo)

apunte sobre una línea de fuego.

​​​​​​​​                                  Sugerimos leer rápido y sin parpadear.

 

Acostado, tranquilo, casi se asoma un paisaje. Se esboza un arcoíris. Un meteorito irrumpe en colores para manifestar la posibilidad de la tragedia; Una tragedia que produce calma, paz y curiosamente, esperanza. Una tragedia que desde un sutil y elegante humor acompaña a la obra de Lugo desde hace tiempo. Empiezan a surgir recuerdos sobre las cicatrices profesionales. Pocas veces nos ponemos a pensar en la exigencia de las ideas; pequeñas dictadoras que nos atormentan y nos obligan a salir de lo blanco de la hoja para caer en los filos del papel.

 

Nuestro papel.

 

Aparecen bocetos, estudios, trazos, ensayos y apuntes. Imágenes que se niegan a concluir. Narrativas que se mantienen fieles a la posibilidad. Brotan imágenes en el bosque de los recuerdos. Aparece otra imagen en diferente circunstancia y una tercera que nos confirma lo violento que puede volverse lo simple.

Hasta la palabra es filosa:

simple.

 

¿Cuánto pesa una imagen? Bonita pregunta. El espacio se parte en dos y nos abrazamos a la nada. Se van formando arquitecturas inseguras, frágiles y espacios traicioneros que no respetan su lugar a las sombras. Una cosa hay que reconocerle a Hugo: nunca es fácil disponerse en medio del bastidor. De ahí que surgen teorías, tratados y trípticos. Objetos estéticos. Brotes y continuaciones de la imagen que terminan por habitar las geografías de lo escultórico. De nuevo: el peso de la imagen.

Dibujar siempre ha sido un acto vertiginoso porque nunca sabemos lo que aparecerá del otro lado de la línea. Finales inesperados. Conjuntos. Actos y construcciones – Imágenes finitas para ojos que siguen mirando -Teorías, puntos que separan, caen, abruman y habitan.

 

Colores.

Qué palabra tan bella y compleja.

De la magia que poseían las pinturas en las cavernas al rigor del storyboard,

¿hasta dónde somos capaces de llegar por una pintura?

 

Desplegando su capacidad para transitar por diferentes técnicas y soportes, esta exposición resulta en un tratado de la fragilidad. Una forma de correspondencia entre dibujos, pinturas, objetos, grabados y esculturas; obra reciente e inquietudes que desde muy temprano en la carrera de Lugo le han permitido elaborar un refinado sistema de producción visual que a tiempos iguales, valora y desconfía sobre el significado simbólico, social, filosófico e historiográfico de las imágenes que nos rodean.

 

Pinturas que confunden al ojo.

Experiencias estéticas que nos ayudan a mirar de nuevo.

 

​​​​​Mirar es un gesto político arropado por lo sensible.

 

Dicen que con el primer parpadeo del ser humano se formó el anochecer.

Marco Treviño, 2021